¡Suelta la pluma, osado analfabeto!
Leo vía Twitter la siguiente noticia del autor de uno de los libros (más usados para calzar mesas) más leídos en los últimos tiempos: La Catedral del Mar, de un tal Ildelfonso Falcones, que dice lo siguiente, “En el momento que se pueda leer mi libro gratis en internet, no escribiré”. Pues mi respuesta es muy clara, ¡Deje ya de escribir y déjelo de inmediato! Su libro gratis y en internet, lo tiene aquí y en miles y miles de páginas webs, bueno, aunque este no sirva para calzar sillas, ni estanterías, pero adorna mogollón.

El tal Ildelfonso, espero que me toque la lotería por mencionarle tanto, no es más que uno de tantos de los cientos de “artistas” analfabetos del medio; y perdónenme por lo de artistas, de estos que cada día más y aunque no se lo crean contribuyen al desarrollo de internet, de las redes y admiten su importancia. De esta frase sólo podemos sacar tres conclusiones: internet mueve mucho, es gratis y no le llega para la letra del Testarrosa.
Por todos es sabido que internet no tiene por qué ser gratis, que muchos otros escritores han decidido publicar sus obras por la red y están ganando dinero (venta directa, patrocinadores, publicidad, anuncios por click), a veces incluso más que en los medios convencionales, puesto que pueden eliminar la barrera editorial y ese gran tumor que son los intermediarios. No adaptarse a la era de internet y a los nuevos tiempos es como si los obispos de la edad media se negasen a la difusión de la Biblia y toda su ristra de grandes verdades; y lo más importante, negarse a su rápida difusión y la rapidez de sus copias. Paralizar el progreso y no centrarse en su estudio y mejora sólo nos llevará a peores situaciones en la que sin duda alguna, los analfabetos serán los grandes desfavorecidos.






