Atrévete a pensar libremente

Aroma

Como muchos sabréis, hace apenas unos días fue mi decimoctavo cumpleaños; y la verdad es que muchos recuerdos te vienen a la cabeza, cosas que pudiste hacer y no hiciste, sentimientos, momentos, estupideces, emociones…

No hay cosa que más me fascine que acordarme de alguien por un olor, una sensación de calor, de frescura que recorre todo el cuerpo y te hace sentir que está mucho más cerca de lo que realmente estuvo jamás. ¿Nunca os habéis levantado con alguien y notáis que es como haber estado con medio after? Esa sensación de mezcla de aromas como si el cuello se tratase de un Kebab lleno de esa salsa blanca que tantos rumores provoca…

Yo desde pequeño he odiado que me regalen cosas materiales, objetos, figuritas, estupideces que saben que nunca he usado, ni pedido, ni mucho menos me gustan. Bueno, y el sumun de la estulticia es que te regalen perfumes. Siempre que alguien ha querido regalarme uno le he respondido que no tiene para pagarlo, ni tiempo para encontrarlo.

El aroma, el perfume es algo tan personal que no creo que pueda regalarse en una visita de media hora al Corte Inglés, demuestra conocer realmente a la persona, saber de sus gustos, de sus aficiones y hacerle sentirse único con una pequeña seña que le identificará por mucho tiempo.

Me gusta pensar que sólo mi madre huele a Empreinte de Courreges, que mi abuela me recuerda a los bocadillos de atún con aceitunas (suena a Proust, pero es así);  me acuerdo de mi abuelo cuando paso por delante de botes y botes de pintura o ese olor a coche cerrado que mezcla humedad, gasolina y sofás llenos de polvo; y mi padre, mi padre huele a sellos, cartas, sobres, impresoras de papel continuo, máquinas Olvetti de las grandes y de las pequeñas y también a las repeticiones absurdas de las máquinas, como las de su primer ordenador que por más que podía jamás conseguía terminar su “Pa, pa, pa, packard bell”.

Es algo tan íntimo y personal que el consumo de masas intenta destruir con grandes packs y remesas de perfumes. Me gusta cuando llegan cartas de París, porque es el perfume de mamá, al igual que el mío; y gusta cuando alguien te dice lo bien que hueles y te pregunta porqué colonia es; y detesto la gente que sonríe cuando le preguntan si su colonia es esa tan famosa que no paran de anunciar y se ríen y afirman como estúpidos.

No se moleste, no sea consumista, regale dinero.

Que se nos va la Pascua, mozas

Mozuelas las de mi barrio; loquillas y confiadas,
mirad no os engañe el tiempo; la edad y la confianza.

No os dejeis lisonjear; de la juventud lozana,
porque de caducas flores; teje el tiempo sus guirnaldas.

¡Que se nos va la Pascua, mozas!
¡Que se nos va la Pascua!

Yo sé de una buena vieja; que fue un tiempo rubia y zarca,
y que al presente le cuesta; harto caro el ver su cara,
porque su bruñida frente; y sus mejillas se hallan
más que roquete de obispo; encogidas y arrugadas.

¡Que se nos va la Pascua, mozas!
¡Que se nos va la Pascua!

Y sé de otra buena vieja; que un diente que le quedaba
se lo dejó este otro día; sepultado en unas natas;
y con lágrimas le dice: Diente mío de mi alma.
yo sé cuando fuiste perla; aunque ahora no sois nada.

¡Que se nos va la Pascua, mozas!
¡Que se nos va la Pascua!

Por eso, mozuelas locas; antes que la edad avara
el rubio cabello de oro; convierta en luciente plata,
quered cuando sois queridas; amad cuando sois amadas;
mirad, bobas, que detrás; se pinta la ocasión calva.

¡Que se nos va la Pascua, mozas!
¡Que se nos va la Pascua!

Luís de Góngora

Si me amas, lárgate

Siempre he sido un gran defensor de las relaciones como han de ser, y con esto no digo que haya mejores ni peores formas de mantener viva la llama, pero algo que, aunque me ha gustado experimentar mucho, no he conseguido tolerar es ese feo acto que hacen la mayoría de las parejas en España: dormir juntos. Nunca lo he podido comprender, salvo después de una gran noche de lujuria en invierno y sin calefacción.

Dormir juntos es el mayor acto de egoísmo los días laborables, los fines de semana una absurda excepción y las vacaciones un gasto calórico desmedido. El despertador es tuyo y lo escuchas cuando quieres, lo mismo con tus libros, la doblez de tu sábana o la luz que necesites para contar según que ovejas.

Así que si me permitís el consejo, haced como hice yo aquella segunda vez: ‘Si pasada la media noche no respondo a un beso, puedes irte de mi lado, estoy en mejor compañía’.

Mi Kobo y la lectura

¡Adios a los estantes, good bye a las librerías, despídase de los anaqueles! ¡Ya está aquí la lectura digital! Bueno, bueno, tampoco tire sus libros, ni haga grandes hogueras o barbacoas, que de momento, se puede convivir.

Hace unas semanas ya tenía claro que quería comprarme un eReader, aunque el precio de los lectores en España no me convencía para nada en absoluto, ya que me negaba a pagar más de 200€ por algo que en unos meses bajaría radicalmente de precio y probablemente con mejores tecnologías. Así que hace unos días, navegando en Google, encontré el lector Canadiense Kobo, el cual os adelanto que no puede comprarse desde su web, sino que tendremos que hacerlo por la tienda “Shop In the USA” de eBay. Aunque al final me salió al mismo precio que uno de España (por las Aduanas de Correos), dado que dependen de una empresa que se llama SpeedTrans a la que hay que pagarla 25€ sí o sí, salvo si eres ciudadano de Madrid y puedes ir a sus oficinas en horario de funcionario. Bueno, a lo que vamos, ya tengo mi eReader y estoy más feliz que una perdiz.

La sensación al leer es realmente buena y agradable, no cuesta mucho adaptarse y uno de los puntos fuertes del Kobo es su diseño fino y limpio, sin indicadores de batería, ni porcentajes de página, sólo texto y nada más. Pensaba escribir este artículo y publicarlo nada más recibir el lector, pero visto lo visto y algunos análisis algo interesados en la red, como que cuesta más la lectura digital, que no hay muchos títulos, etc.

Por todo lo anterior decidí leerme y terminar un libro antes de escribir algo erróneo, equivocado o ampliamente corregible. Mi primer libro fue “Todo va a cambiar” de Enrique Dans, el cual os recomiendo y ahora estoy inmerso en “Perdona si te llamo amor” de Federico Moccia. Creo que si sois aficionados a la lectura; y si además de eso personas con problemas de visibilidad el eReader será vuestro mejor compañero.

Por cierto, si os gusta la bonita pegatina que lo cubre, os diré que también es de una tienda Canadiense llamada GelaSkins y que podéis encontrar más accesorios para todo tipo de Gadgets en su web, espero que os gusten y nos seguiremos leyendo este verano por estos mundos digitales.

Yellow Mind