Atrévete a pensar libremente

Feliz 1984

¿Sueñan los ejecutivos con vagones de metro?

Fuera de aquí, en esas ciudades que tienen el lujo de estar dentro de la civilización, me han contado que desconocen los horarios, incluso me han dicho que no necesitan cabrearse cuando pierden un metro o un autobús porque el siguiente puede pasar en un minuto o dos.

Yo de pequeño montaba con mis abuelos en unos autobuses que daban algo parecido a las nauseas y que te daban capones para mentir y montar gratis con el beneplácito muchas veces del conductor que más de una vez ya conocía a tu abuelo. Cuando ya me toco pagar, porque ya estaba crecidito, usaba unos tickets que iban por paradas, pero lo que nunca llegué a ver, ni veo allí es gente de clase media o media alta.

Desconozco lo chovinistas o ciegos que puedan ser los lectores de mi blog, pero sí, así era y así es, nuestros transportes públicos eran y son para ancianos, ancianos con nietos, jóvenes universitarios, obreros, inmigrantes, desarrapados, borrachos y hippies de entretiempo. En definitiva, que los que viajamos en metro o autobús en Valencia somos esa clase de seres que no tenemos nada que perder, ni ningún sitio al que llegar a tiempo, la familia nos importa un pimiento; y es más, me atrevería a decir que a más de uno o una, su pareja se la trae floja.

Como no tiendo a seguir las costumbres Españolas y opinar sin conocer, os puedo hablar de Londres o Madrid, aunque yo prefiero la primera. Allí algunos autobuses nocturnos pasan cada 5 o 8 minutos, y eso que como dicen en el Sur son unos siesos. El metro que va a las afueras de la ciudad tiene una frecuencia de paso de 2 a 3 minutos los días laborables y puedo certificar que en ocasiones es mucho menos. La vida nocturna es realmente alta y salvo en los autobuses nocturnos que van llenos de colillas y botellas rotas, las cuales hay que bendecir porque acreditan su uso, todos las unidades, también en el metro, están en perfecto estado, habiendo rehabilitado viejos convoys. Y ya puede dar igual si es Lunes o Domingo que el 90% de la gente suele ir en traje y corbata con maletines y puntualidad inglesa. Los borrachos, con los que me tocó lidiar en uno de mis trayectos, son ignorados y la brutalidad de la seguridad en el subterráneo nada tiene que ver con los enanos de gimnasio de FGV criados en el uso de las hostias a discreción.

Nosotros esperamos una media de 7 a 15 o si vas a las afueras 50 minutos, no tenemos servicio nocturno de metro y el de nuestros autobuses es de los 45 minutos a la hora. No recuperamos convoys porque eso puede restarnos votos y dar una imagen de inseguridad; y nuestros autobuses huelen a pis hasta en las primeras horas del Lunes. Somos cerrados, algo rancios y dados a los grupúsculos. Y del taxi… bueno, lo del taxi ya es para nota.

En último término no nos queda otra que reconocer nuestra mediocridad; nuestra falta de vida los días de fiesta; nuestra condición de esclavitud: de Castellón a Valencia, de los pueblos a Valencia (o Bonaire en su defecto), y de Valencia al centro;  nuestra sosez; nuestra corrupción policial controlada por las grandes mafias de la ciudad por todos conocidas y su arte para cerrar locales y sitios de fiesta; lo arcaico de nuestros horarios y lo estúpido de nuestra existencia. Sin más, estamos más muertos que vivos, pero más vivos que Valencia.

Que todo cambie

Para que todo siga igual. El otro día, me preparaba para un consejo escolar en la puerta de mi instituto. De 5 que deberíamos ser, actualmente sólo asistimos 2, un compañero mitad comunista, mitad anarquista y yo. Cuando estaba en la puerta, me acerqué y le pregunté sobre temas que me parecían importantes: no hay internet en la biblioteca, ni impresora, ni van algunos ordenadores, faltan libros, faltan ganas… El me miró y me dijo… “ya hicimos todo lo que podíamos hacer”. Y la verdad es que en parte así es. Cuando yo entré pedí un parking de bicis y unas cortinas para el aula de humanidades, un año más tarde están en su sitio… pero… ¿qué más da?

El sistema será igual con quien esté en el poder, como si es uno u otro, todo seguirá igual. Porque los padres dejan a sus hijos sin profesor durante 3 meses y les da igual, porque a los hijos les conviene, porque los profesores son humanos; y por lo tanto… vagos, como todos los demás que aquí habitamos.

El problema no lo tienen los políticos, ellos jamás nos mintieron, estaban allí para forrarse. Lo han hecho, y punto. El problema lo tenemos nosotros, nos hemos creído que los derechos y las libertades lo resolvían todo. Pero la libertad y los derechos han de nacer del individuo, no de espíritus, cartas o estatutos. No debemos esperar a que la unidad de varias personas nos haga fuertes, debemos ser nosotros quienes nos signifiquemos sin miedo a nada y reclamando aquello que consideremos justo.

Yo, si esto sigue así, y teniendo en cuenta que “ya hicimos todo lo que podíamos hacer”, me temo que tendré que abandonar mi cargo en el próximo consejo escolar. Porque para estar aguantando a semejantes personajes que la única forma de denunciar que conocen es hablar hasta la nausea con un igual y después irse a su casa… la verdad es que… ¡Que les aguante su padre!

Los sueños, sueños son

Os dejo con una carta (de amor) que escribí hace unos días al programa esAmor. Espero que os guste y que volvamos a tener mucho más contacto en estos mundos digitales.

Tal vez ni siquiera estuviera escribiéndote hoy a ti, aunque es divertido pensar siempre en positivo, ¿no crees? Mi historia, mi vida, es un cúmulo de decisiones impuslivas y azarosas, y… bueno, aún sigo aquí.

Londres es una ciudad hermosa, sobre todo si tienes con quien compartirla, sobre todo si consigues que alguien te guíe por algo más que calles y te lleve a vivir un sueño, de los que nunca olvidas, y siempre quieres volver a soñar.

Llueve, los cristales se empañan, el frío sube, la necesidad de conseguir calor crece, se ve el cielo en el techo mientras caen finas gotas, los ojos titilan con el reflejo de la luz de una de las altas farolas, sus labios brillan en la oscuridad cerca de los míos; al igual que brilla la puesta de sol que diviso desde mi asiento, mientras escribo esta carta; y yo sonrío de forma pícara, como lo hago ahora, con esta mezcla de melancolía, estupidez y juventud, maldita juventud.

Lo que parece ser una noche sin más, de las que se olvidan, de las que quizás se recuerda con una leve risa, se convierte en llegar y llamar, en preguntar, en contestar, en un sucederse de miradas, palabras, sonrisas, en un vente, en un iré, en un intentaré.en un te abrazaré. Por suerte, yo, creo que aún tengo tiempo para perderme en estas palabras, divina juventud.

Lo peor de un viaje son las despedidas, es pensar que todo es un sueño que debe de acabar, es tener que sacarle las manos del bolsillo, ponérselas en la frente y besarle, sin más. Lo bueno de ser joven, es pensar, que el sueño empieza ahora, en mi casa, en mi hogar, y que acabará pronto, para poder regresar.

A big hug with tons of love. (Un gran abrazo, con toneladas de amor).

Yellow Mind