La dosis exacta

por isacar

Hubo un tiempo en el que todos los organismos querían ser democráticos. Muchos recordamos las numerosas asociaciones de jubilados o alumnos las cuales todas tenían en su nombre la ya extendida palabra de “democrática” como apéndice imprescindible. En muchos lugares se hizo mal, aunque lo importante fuera hacerlo en aquel momento, pero después de tantos años, lo mínimo que podemos hacer para solucionar es limar algunas de las imperfecciones.

Imagínense que un familiar suyo está a punto de morir y que uds. no tienen ningún poder de decisión sobre si salvarle o no; sino que la decisión la comparten: la señora de la limpieza, una enfermera testaruda, un doctor maquiavélico, otro paciente de la unidad psiquiátrica, un representante de la asociación de familiares, un socio capitalista y el director del hospital: esto, así, sin más, es un consejo escolar y el familiar que agoniza es nuestra educación.

El afán por democratizar toda nuestra sociedad, y hacerlo mal y a medias siempre, nos ha llevado a encontrarnos con errores garrafales como el de los Consejos Escolares, los cuales olvidan verdaderas funciones dejándolas a un lado y se dedican a divagar sobre temas que no tienen la mayor relevancia en lo que a la vida del centro se refiere.

En el último caso vivido, muchos de nosotros, podemos estar de acuerdo y pueden haber tenido una decisión de lo más acertada. Lo cual no quiere decir que sea algo que deban decidir ellos, porque entonces, ¿de qué sirve una educación laica, de calidad y en igualdad de condiciones si en unos sitios se permiten ciertas cosas y en otros no?.

Como vocal del alumnado he escuchado más de alguna vez aquello de “vamos a votar algo peliagudo”, bueno, entre nosotros y en Román Paladino, algo que no es de nuestra incumbencia.

A esto nos dedicamos entre junta y junta y a algunas muchas más barbaridades que mejor no escuchen, sobre todo si les digo que nuestra preparación para esto es nula.

Ahora, nunca nadie nos pregunta sobre si los horarios son excesivos, sobre si aprobamos las semanas de exámenes o no, la contratación de las líneas de teléfono, la acomodación de las aulas, los sillones de informática, los problemas del alumnado; y para una vez que se hace, ni nos toca, ni nos debería tocar.

Hace falta una educación realmente pública en la que no se sucedan agravios comparativos entre según que centros y que se dicte la realidad legal, por igual, en todos nuestros nuestros centros educativos. Y si se desea de verdad democratizar la vida en la educación, simplemente dediquemos a ella, que si me permiten uds.; ya es bastante.

{Escrito publicado en MD Boletín 10}