No es lo mismo estar jodido, que estar…

Hoy estuve leyendo un pequeño artículo, muy pequeño que me pasaron y que fue publicado en el diario Público por Isaac Rosa en su blog online (desconozco si fue publicado en el diario escrito), el cual se titula, “No es lo mismo un niño que un menor“, y es que señores, estoy harto, que digo, más que harto; y por eso hoy me dispongo a publicar este pequeño y avanzado, por no decir avanzadísimo manual de neolengua actual.

Vivimos en un país donde todo es voluble, todo cambia como si tal cosa y nadie, nunca da explicaciones. Un niño de 14 años es un ricura, uno de 12 también, si viola, asesina o mata, hay que castigarle duramente, por qué, por qué, porque es un menor. Una niña si tiene pareja es una monada, si acompaña a su abuelita es “la joven perfecta”, si tiene un desliz y se queda embarazada causando un aborto, es una menor. Los que violan son menores, las violadas, niñas indefensas; los que matan, son menores sin escrúpulos, los matados tiernos niños en la flor de la vida; un niño que va a comprar al Super es una preciosidad, el que roba, un menor y así hasta convertirnos en la sociedad llenas de prejuicios que somos hoy.

Al parecer no se puede decir que vivamos en un mundo muy freudiano, la gente es completamente imbécil, jamás vi en la tele a esos señores que créense en poder de la verdad promover investigaciones para saber el entorno del niño, mejoras estructurales en las familias, en sus barrios, verdaderos reformatorios donde encontrar un trabajo, una comunidad abierta… Lo gracioso es que todos son tildados de menores; y la mayoría de los que salen en la tele contando “como se llevaron su juventud” son católicos, católicos caóticos… A veces me pregunto qué diría Jesús ante tales aberraciones… Espero y no quiero equivocarme, que un rotundo “70 veces siete”. Pero no, nosotros somos más de una buena somanta de palos, un tiempo a la sombra poniendo a hervir su “Ello”, unas grandes dosis de odio, y libertad para seguir delinquiendo con ganas y razón, con ganas y con razón.

Más nos valdría manifestarnos por la dignidad de las personas, cosa que parece que se nos olvida muy amenudo, por los derechos humanos, por nuestra paz, nuestra libertad y una educación de calidad y dejarnos de gilipolleces propias de una rabieta de entretiempo. Defendamos lo verdaderamente importante y castiguemos a quien de verdad se lo merece.