Si lo veto malo, si no también

por isacar

Ver a una mujer con Burka nos produce extrañeza, es algo fuera de lo común en nuestra sociedad, debemos admitirlo, ni nos gusta, ni lo vemos bien.

Estos días que el presidente francés ha mencionado que este complemento “No es bienvenido en la República” y ha iniciado los mecanismos para prohibirlo en lugares públicos, muchos defensores de los derechos humanos ven esto como un error. Según estos, hay luz al final del túnel, queda espacio para reflexionar sobre si es necesario o no prohibir el Burka.

Tal vez, debamos hacernos esta reflexión y manejar estadísticas y datos, pero todo esto no sería más que una excusa para simplemente no hacer nada y al modo del mayor “liberalismo” dejad hacer, dejad pasar. Tal vez deberíamos preguntarnos si esta medida que propone Sarkozy intentando emular al español Esquilache es verdaderamente una medida igualitaria y pro derechos humanos. No es la primera vez que este tipo de organizaciones y gente de una izquierda radical ataca al gobierno de Sarkozy simplemente por llamarse Sarkozy, como no me gustas, ya no te ajunto.

Es de obligado reconocimiento ciudadano la defensa del presidente francés de los derechos humanos, de los derechos de los homosexuales mundialmente y de enfrentarse a la iglesia católica para conseguirlo y ahora van a por los de la mujer. Claro es que la conquista de derechos es algo que pertenece a la sociedad, de esto los franceses saben bastante, y no a los grupos políticos o gobiernos de turno, pero entonces ¿por qué se meten con Sarkozy?

Qué dirían estos hombres y organizaciones si vieran caminar alegremente por las calles de París a 50 hombres vestidos de neonazis y la gendarmería no hiciera el mínimo ademán para cesar su proselitismo. Sin duda alguna se echarían las manos a la cabeza y montarían en cólera para protestar en favor de los derechos humanos que son inalienables al ser humano. Pues en este caso, debemos de ser fieles a Occidente, al igual que nadie puede entrar con el torso desnudo a una tienda de nuestras ciudades o a un transporte público sin hacer ningún tipo de adoctrinamiento o proselitismo de sus creencias, nosotros no debemos de tolerar que un religión que impone leyes en detrimento de las mujeres y las castiga de forma vil y cruel inunde nuestras calles. Occidente ya ha hablado, ahora, que hablen ellas.