Érase una ruptura anunciada
por isacar
Amanece soleado el cielo de Valencia, un sol radiante, sin nubes, sin obstaculos que dejasen que el sol bañase las blancas paredes y que inundase de luz las estancias del piso a través de los grandes ventanales. De la gran escalera bajaban contados los rayos y enfrente se abría una pequeña sala a través de un arco de blanca madera, frutas, colores, contrastes y olores salían de allí para darse cita a la hora del desayuno.
Al final se encontraba una pequeña mesa de frío acero y rojo plástico donde se encontraba un chico sentando, en el lugar de la presidencia con la cabeza apoyada en su mano, pensando y observando absorto lo que parecía un gran vaso de un zumo de vivos colores. Se oía el resonar de pasos bajando las escaleras, todo ruido que en esa casa se oía se magnificaba por segundos y resonaba en los oídos de aquellos que allí vivían. Un chico de rubios cabellos bajaba las escaleras con una toalla anudada entre sus piernas y dejando un rastro de agua en el suelo conforme las bajaba. Entró en la cocina silencioso y se paró a servirse lo que parecían litros de alcohol. Se giró y se sentó frente a su compañero que había pasado a poner su dedo y repasar el vaso con el una y otra vez.
- Hola, buenos días. – Saludó y pegó el primer sorbo a su mezcla de alcohol, aparentando arderle su garganta.
- Creo que debemos hablar.
- ¿A sí? ¿De qué?
- ¿Acaso no lo sabes? ¿De verdad preguntas el por qué? ¿Has estado bebiendo mientras dormías?
- Haz el favor de no alterarte, de no alterarte, ¿vale? – Le preguntó en un susurro mientras levantaba su mano derecha y la ponía temblando frente a su cara.
- ¡No soy yo a la madre que debes matar!
- ¿Quieres dejar de analizarme? ¿Quieres, quieres… dejar de matarme? ¡Basta, mereces la muerte! – Le replicó tirando el vaso al suelo y abofeteando a su compañero.
El joven chico levanto su cara poco a poco y entreabrió sus ojos verdes esmeralda mientras más abajo intentaba mantener su calma y apretar con violencia sus labios y los puños que miraban hacia abajo.
- No es mi culpa que no te quieras; que necesites alcohol para vivir; que tu madre te lleve camino de esa prostitución sin final; que ames a tu padre por haberte protegido de la ruptura de tu primer amor, ruptura que promovió tu madre. ¡Harto! Harto de que te drogues cada tres minutos y que estés violento y con ese color anaranjado a causa de los fármacos y el bronceado artificial. ¿Sabes? Cuando no aceptas y me llamas loco en público al mostrar afecto, ¿sabes qué? ¡El loco eres tú!
- No tienes ni idea de lo que es mi vida!
- No, tienes razón, porque jamás he sido ni seré nada de ella.
- ¿Me voy? ¿Adiós? ¿Hasta siempre?
- Te vas, sí, te vas para no volver, sí, adiós, esto ya lo sabías y sabías bien también que no podías engañar a todos durante todo el tiempo. Te vas para no volver y adiós muy buenas.

Comentarios
Me gusta..está lleno de sentimiento..de dolor..de furia…de fuerza.
Un saludo,por cierto bonita foto